Educarte para valorarte

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martes, 23 de febrero de 2016

Aprender a SER... autónomo

En los últimos años como docentes habréis escuchado hablar a menudo de la importancia del desarrollo global de los alumnos, o lo que es lo mismo, el "aprender a ser"; ver a nuestros estudiantes como lo que son, seres humanos y, por tanto, verlos como un todo. Es curioso, ¿cómo es que nadie se había dado cuenta hasta hace tan poco de algo que está tan en boga? Y, ¿cuántos de vosotros y de vuestros compañeros lleváis esto a la práctica realmente en vuestro trabajo diario?

Hoy quiero reflexionar sobre una parte de ese "aprender a ser". Me gustaría centrarme precisamente en la autonomía, en el "aprender a ser autónomo". En los tiempos que corren, tendría más bien poco sentido pensar en una educación en la que no se promueva que los alumnos y alumnas no sean los protagonistas de su propio aprendizaje. Por tanto, uno de los grandes retos a los que nos enfrentamos en esta era de la sobre-información es a dejar atrás la transmisión de contenidos y capacitar a los alumnos para que accedan a ellos por su propia cuenta. Sí, a enseñarles a utilizar la caña en lugar de darles el pescado ya comprado.

Ayudar a nuestros niños y niñas a aprender a ser autónomos, es decir, a que se rijan por sí mismos, puede pasar por diferentes puntos de vista: el estrictamente académico (enseñarles a actuar de manera independiente de cara a su aprendizaje de contenidos) o el más moral (aprender a tomar decisiones sobre su propia vida basándose en sus propios valores, incluyendo la asertividad). Obviamente, esto dependerá del grado de compromiso que sientas hacia tus alumnos y de lo involucrado que te sientas en su educación. También dependerá de qué tipo de estudiantes tienes, qué tipo de docente eres y de en qué tipo de centro trabajas. No obstante, creo que el factor más importante aquí es el segundo: qué tipo de docente eres y qué compromiso tienes con la educación en general.

Pues bien, yo soy de los que piensa que para lograr la autonomía, primero hay que derribar el muro de la dependencia y del querer que los demás dependan de mí para yo poder darle sentido a mi vida (al fin y al cabo, esto no deja de ser dependencia). Para lograrlo, la educación de las próximas décadas deberá intentar conseguir que todos tengan mayores posibilidades de elección.  Se trata de desarrollar la conciencia de cada uno para que sea capaz de decidir lo que quiere prohibirse o permitirse, en lugar de dejar esa decisión en manos de otros (ni mis amigos, ni mis profesores, ni mis padres). 

Vayamos un segundo a la adolescencia: no debemos olvidar que en la mayoría de los casos en los que un grupo de jóvenes elige drogarse, éste no es un permiso que se han dado ellos mismos ni una decisión tomada verdaderamente por ellos, sino la acción que resulta de la conveniencia de otros que están eligiendo por ellos. Por esta razón, es tan importante educar en la asertividad (aprender a decir no y a no sentirme mal por ello) y en la autonomía (ser capaz de tomar mis propias decisiones sin que éstas estén condicionadas por nada ni por nadie). Creo firmemente que no se trata de prohibir la droga, la prostitución, etc. Se trata de generar cultura, información y madurez para que los jóvenes puedan decidir con criterio qué es lo que les conviene y qué no, que sepan escucharse por dentro y ser los protagonistas no solo ya de su aprendizaje, sino de su vida. Se trata de ayudar a los jóvenes y a los no tan jóvenes a pensar por sí mismos, es decir, a fomentar en ellos el espíritu activo y crítico en detrimento de la pasividad y la sumisión.

Sí, creo en una libertad, real y posible, porque sin libertad no existiría la autonomía y sin ella no podríamos dejar de depender de otros. Cuando digo libertad me refiero a una libertad sin limitaciones, si no ya no sería libertad.

¿Iluso? Puede. 
¿Idealista? Puede que también.

Pero es que aquello que nos enseñaron cuando estábamos en Secundaria de "Mi libertad termina donde empieza la tuya" para mí no es válido. Para mí, esta frase hace más bien referencia al derecho, pero no a la libertad. Tu derecho no frena mi libertad, en todo caso la legisla. Pero... ¿Se puede elegir no elegir? Pues como dice Jorge Bucay: si un esclavo elige ser esclavo, pero después puede elegir ser libre, entonces es libre, aunque viva como esclavo. En cambio, si abandona para siempre su posibilidad de elegir, la somete a otro, entonces, ha perdido su libertad. 

Apuesto por un modelo docente democrático donde, a través de la libertad, se ayude a los estudiantes a aprender a ser autónomos, a ser los únicos protagonistas y responsables de su propio aprendizaje, de su propia vida. 


lunes, 1 de febrero de 2016

Los niños "malos"

Estoy seguro de que, ya sea a través de tu experiencia personal como estudiante, o de tu labor como profesor de primaria o secundaria, has convivido con ese grupo de alumnos al que todos llaman "conflictivo", al grupito que suelen poner en la misma clase para que no perturben al resto de sus compañeros. Sí, esos de los que nadie quiere oír hablar; "los malos", para ser claros. Se trata de alumnos desafiantes, que ponen a prueba tus límites, llegando a sobrepasarlos más de una vez, a los que parece no importarles ni lo que pienses tú, ni sus compañeros, ni el director, ni sus padres... ¿Qué pasa con estos niños? ¿De verdad no les importa nada? ¿Por qué nos tomamos sus actuaciones como algo personal? La respuesta a estas preguntas es en la mayoría de casos: "porque  nos desestabilizan la clase y nos requieren un esfuerzo extra".
Pero es que ser docente, amigo, es mucho más que transmitir los contenidos de tu asignatura. Después nos sorprendemos cuando vemos en la televisión casos extremos en los que hijos salen agrediendo a sus padres. Ahí todos nos preguntamos: "¿Cómo hemos llegado hasta aquí?" Pero ya es demasiado tarde. 
Propongo, en cambio, que cuando veamos un acto "conflictivo" en el aula, cuando veamos un niño intentando sacar nuestro lado autoritario, nos preguntemos: "¿Qué hay detrás de este comportamiento?"  Las respuestas pueden ser múltiples, pero en la mayoría de los casos se trata de alguna carencia afectiva o emocional con respecto a las figuras parentales. He ahí la importancia de la detección a edades tempranas para evitar desenlaces tan trágicos. En lugar de optar por la vía que optan la mayoría de colegios e institutos, que es acumular partes de expulsión, gritos, castigos, malas contestaciones y tensión con el único objetivo de perder al niño o niña de vista, es decir, evitar el problema... ¿Qué tal si optamos por la vía de la comprensión, del cariño y del amor? Si entramos en clase con la visión del águila, ¡todo será mucho más fácil! Si tú sabes que detrás de un "niño conflictivo" hay un niño clamando tu atención y cariño, ¡no te ofenderás y serás capaz de ayudarle!
Detrás de una actitud desafiante hay un niño pidiendo límites, que se le reconozca lo que hace bien o simplemente alguien pidiendo cariño y afecto. A veces basta con escucharlos, otras no, por supuesto. Pero para ello, en lugar de invertir el tiempo en leyes absurdas que lo único que buscan es que los menores estén encerrados durante horario escolar como si de animales en un zoo se tratase, deberíamos invertirlo más en profesionales de lo social y del mundo de la psicología que trabajasen conjuntamente con los docentes e interviniesen en las familias, atendiendo las necesidades individuales de cada una. Se trata de zanjar el problema desde la raíz consiguiendo así que niños que no tienen los recursos ni las herramientas para hacerlo, logren ser felices y puedan relacionarse de manera sana con el mundo que les rodea.
Recuerda, nadie es malo por naturaleza.