Educarte para valorarte

Educarte para valorarte

jueves, 10 de diciembre de 2015

(Pre-) Adolescente. El rebelde incomprendido.

Me gustaría ser para ti como la primavera para el cerezo.

Pablo Neruda

Adolescencia, divino tesoro. ¡Qué etapa de la vida más bonita! Pasamos de ser ese niño inocente que aplica la práctica sin conocer la teoría a ser el adolescente que todo lo cuestiona, que se rebela y que pretende enfrentarse a la autoridad. ¿No es maravilloso? Nace en nosotros, por fin, el espíritu crítico, el pensamiento abstracto, la reflexión. Y, sin embargo, nos educan para ser loros de repetición, sin respetar nuestra esencia, nuestra creatividad. Es cierto, la adolescencia es en parte algo cultural. Hay civilizaciones en las que no existe, en las que el niño, por cuestiones sociales y económicas, no tiene más remido que pasar a transformarse en un adulto directamente. No obstante, en nuestra sociedad sí existe y a menudo no sabemos ver el tesoro que esconde detrás. Esto se debe a que nuestros miedos e inseguridades como educadores nos hacen optar por la vía más sencilla, el desprecio a lo diferente: "son unos gamberros", "son unos vagos, solo quieren estar de palique con los amigos", "son unos guarros, no hacen más que hablar de sexo", etc. No me gustaría que nadie se sintiese ofendido o juzgado, tan solo pretendo que quien esté en el camino de hacerlo, se sienta identificado para poder transcender a una mirada de respeto hacia una etapa de la vida por la que todos hemos pasado y ayudar así a que los adolescentes que se crucen en su camino, ya sean hijos o alumnos, puedan expresar sus sueños y su rebeldía sin miedo.

Si sois educadores de verdad, de los que actúan con el corazón y viven enamorados de sus estudiantes y del aprendizaje, estaréis de acuerdo con la cita de Pablo Neruda con la que abro esta entrada. Pues bien, el papel del educador, sin importar el tramo de edad con el que trabaje, es hacer florecer. ¿Por qué, pues, hay tanta literatura sobre la Educación Infantil y Primaria y apenas sobre la Secundaria? ¿Por qué hay tanta formación específica para los niveles educativos inferiores y a la Secundaria se le dedica solo un año de máster (antes unos meses de CAP) y una oposición donde se premia los conocimientos de la materia por encima de los pedagógicos? Todos estamos de acuerdo en que la prevención es clave en el desarrollo evolutivo de nuestros niños y niñas. Son las primeras pinceladas que marcan nuestro rumbo hacia el alcance de nuestros sueños. Pero si estos niños y niñas no encuentran en su etapa adolescente a alguien que sepa continuarlo, a alguien que les escuche, que empatice con ellos y sepa entederlos respetando el momento de la vida en el que se encuentran, su transición a la vida adulta no será fácil y se sentirán perdidos, frustrados y probablemente incomprendidos.

Ya que todos tenemos una idea más o menos clara de cómo son los niños: les gusta jugar, contar historias, colorear, etc. pretendo compartir con vosotros mi experiencia de profesor con estas dos bonitas etapas de la vida: la preadolescencia (de los 9 a los 12 años) y la adolescencia (de los 13 a los 21 años, aunque en términos legales no sea así). Mi intención es que se trate de algo práctico que os ayude en vuestra labor diaria como docentes. Espero que os sirvan de ayuda estos consejos:

¿Cómo es la relación (pre-)adolescente - profesor?

Un niño necesita protección y que el adulto le marque cuál es su dirección a seguir. Por lo tanto, los niños tienden a llamar su atención y buscan complacerle contándole cosas de su vida. Sin embargo, los adolescentes, para poder convertirse en pequeños adultos independientes, necesitan distanciarse de esa protección del adulto. Para poder lograr salir de este proceso con éxito, los adolescentes acuden a su grupo de iguales, es decir, a sus compañeros y amigos, en busca de apoyo. Esta es la razón por la que prefieren contar sus historias a sus amigos y amigas antes que a ti. Así que, ¡no te lo tomes como algo personal! ¡Respétalo! Por supuesto, esto puede suponer un desafío a la hora de lograr la atención de nuestros estudiantes en clase. Así que, he aquí algunos consejos que pueden ayudarte:

- Intenta que el teacher talking time (el tiempo que tú pasas hablando en clase) sea el mínimo posible: haz que sean tus estudiantes quienes expliquen las tareas o deduzcan las explicaciones a través de preguntas y de la reflexión.

- Haz que tu tono de voz sea variado, tanto el volumen, como la entonación ayudan a que tus alumnos presten más o menos atención en clase. Con esto no me refiero a gritar ni mucho menos. De hecho, disminuir tu tono de voz cuando están hablando ayuda a que se giren y se interesen por lo que estás diciendo.

- ¡No te olvides de emplear el sentido del humor! Ríete con tus alumnos. Ellos te sentirán cercano y esto creará un vínculo emocional con ellos, clave para ganarte su respeto.

- Si el grupo está hablando y no te escuchan, mira a  los ojos a aquellos que están atendiendo. Cuando el resto del grupo te pregunte qué has dicho, diles amablemente que no te gusta repetir las cosas dos veces y que la próxima vez deberán prestar atención para saber qué es lo que hay que hacer.


Los adolescentes esconden su entusiasmo

Mientras que los niños suelen ser muy transparentes y muestran lo mucho que les gusta la actividad que están haciendo, los adolescentes tienden a mostrar aburrimiento o indiferencia. Esto se debe a que en general, debido a su mayor capacidad de reflexión se muestran más apáticos, ya que están enfrentándose a sus primeras pérdidas, entre ellas, la niñez. Además, "es guay" mostrarse así con su grupo de iguales, para ellos es muy necesario sentirse parte del grupo.

- Consejo: ¡No te lo tomes como algo personal!


Los adolescentes tienen bajos niveles de autoestima

Se trata de una etapa difícil en la que experimentan cambios hormonales, físicos y emocionales muy intensos. Pasan de ser "los mayores del colegio" a ser "los pequeños del instituto". Todo esto hace que hasta el niño "más guay" se sienta inmensamente inseguro por dentro y, por lo tanto, busque el reconocimiento de sus compañeros y se muestre cohibido en clase. Es probable que todo le dé vergüenza, que tenga miedo al ridículo y especialmente a cometer errores. 

- Consejo: Intenta hacerles ver que el error es parte del proceso de aprendizaje. Muéstrate tal y como eres, enséñales cuáles son tus defectos, ponte a su nivel y les estarás demostrando que todos somos más que eso. Y muy importante: sé consciente del poder que tienes para contribuir a aumentar y a destruir su autoestima y utilízalo de manera sabia. ¿Quién quiere herir a otras personas? No es algo natural.

Refuérzalos por aquello que hacen bien y no castigues lo que hacen mal

A pesar de que ellos lo escondan, a todos nos gusta que nos reconozcan lo que hacemos bien y que no nos torturen por aquello para lo que no somos buenos. ¡Hazles ver que cada error es una oportunidad para aprender!

Necesitan poner a prueba los límites

¿Qué quiere decir esto? Pues que cuando el profesor o profesora les dice: "No hagas esto" el estudiante siente dentro de sí mismo la irresistible necesidad de hacer exactamente "eso".
¿Para qué? Para comprobar si estás en serio o no.
¿Por qué? Pues porque necesitan que sus padres sean padres y que sus profesores sean profesores, es decir, adultos capaces de poner límites claros de manera que ellos puedan sentirse seguros como adolescentes, al igual que pasa con los niños. Las normas y los límites son necesarios para poder establecer objetivos. ¿A que cuando jugamos un partido de fútbol lo primero que hacemos es establecer dónde está la portería? Si no lo hacemos, ¿cómo podemos jugar al fútbol? Pues lo mismo sucede en clase y en casa. Consejos:

- Negocia las normas con ellos y escúchalos: Negocia las reglas del juego con ellos. Unas normas razonables les ayudará a saber qué esperar y a sentirse seguros: respeta a tus compañeros, escucha cuando los demás estén hablando, respeta tu turno de palabra, etc. No lo olvides: cuando rompen una norma no es que no la respeten, están poniendo a prueba al adulto que siguen necesitando. Por lo tanto, escúchalos, deja que se expresen, que te hagan saber cuáles son sus intereses y adapta tus clases a los mismos. Si aplicas estos consejos se sentirán tenidos en cuenta y, por lo tanto, seguros, comprendidos y escuchados.

- Si crees que le ayudará, disfrázate de autoridad. Pero solo eso, disfrázate. Como he dicho anteriormente, están en un momento de cuestionar todo lo que les rodea, necesitan rebelarse para crecer. ¿Por qué no ayudarles? Si lo crees necesario, ponte en casa el disfraz de profesor autoritario por un día y preséntate así en el aula, deja que su adolescente se rebele y desmorónalo haciéndole saber que lo que acaba de hacer es algo bello que denota la gran sabiduría que esconde dentro. El crecimiento de su persona será brutal.

Los preadolescentes siguen necesitando un cambio constante de actividades

No olvides que en este tramo de edad comparten unas características con los niños y otras con los adolescentes, por lo que su capacidad de atención todavía se está desarrollando.

- Consejo: Si una actividad se está alargando demasiado y tus alumnos no están concentrados o crees que no están sacándole todo el provecho que podrían... ¡Cambia de actividad! Ellos son los que marcan el ritmo, no tú ni el libro.

Los preadolescentes no entienden conceptos abstractos

La capacidad para comprender conceptos abstractos se desarrolla entre los 12 y los 16 años, por lo que los pre-adolescentes (de 9 a 12 años) no cuentan con ella todavía.

- Consejo: Profesores de lengua, no empleéis términos gramaticales complejos, ¡no están preparados para entenderlos! (Ejemplo de explicaciones que debemos evitar: Lleva -s en la tercera persona del singular, va al final de la frase porque es un adverbio, etc.).


En fin, podría extenderme mucho más, pero he intentado simplificar aquí lo que, como a la mayoría de vosotros, no me ha quedado más remedio que aprender a través de la práctica diaria.  Como siempre, cualquier sugerencia de mejora es bienvenida. Tan solo he querido compartir esas pequeñas acciones que podemos empezar a poner en práctica en clase desde ya para que, como docentes, contribuyamos a que esta etapa de la vida sea valorada y tratada como se merece, es decir, con el mismo respeto y amor con el que tratamos a todas las demás. Espero de todo corazón que, a aquellos que sienten un compromiso tan fuerte como el que siento yo hacia la educación, os sirva de ayuda. Para concluir, me gustaría añadir que creo y defiendo fielmente que necesitamos emprender un nuevo camino educativo, un camino en el que se ayude a reconocer y a desarrollar los potenciales de las personas siempre bajo una misma premisa: educar para ser feliz.

¡Os deseo un feliz reencuentro con vuestros (pre-) adolescentes!