Educarte para valorarte

Educarte para valorarte

jueves, 10 de diciembre de 2015

(Pre-) Adolescente. El rebelde incomprendido.

Me gustaría ser para ti como la primavera para el cerezo.

Pablo Neruda

Adolescencia, divino tesoro. ¡Qué etapa de la vida más bonita! Pasamos de ser ese niño inocente que aplica la práctica sin conocer la teoría a ser el adolescente que todo lo cuestiona, que se rebela y que pretende enfrentarse a la autoridad. ¿No es maravilloso? Nace en nosotros, por fin, el espíritu crítico, el pensamiento abstracto, la reflexión. Y, sin embargo, nos educan para ser loros de repetición, sin respetar nuestra esencia, nuestra creatividad. Es cierto, la adolescencia es en parte algo cultural. Hay civilizaciones en las que no existe, en las que el niño, por cuestiones sociales y económicas, no tiene más remido que pasar a transformarse en un adulto directamente. No obstante, en nuestra sociedad sí existe y a menudo no sabemos ver el tesoro que esconde detrás. Esto se debe a que nuestros miedos e inseguridades como educadores nos hacen optar por la vía más sencilla, el desprecio a lo diferente: "son unos gamberros", "son unos vagos, solo quieren estar de palique con los amigos", "son unos guarros, no hacen más que hablar de sexo", etc. No me gustaría que nadie se sintiese ofendido o juzgado, tan solo pretendo que quien esté en el camino de hacerlo, se sienta identificado para poder transcender a una mirada de respeto hacia una etapa de la vida por la que todos hemos pasado y ayudar así a que los adolescentes que se crucen en su camino, ya sean hijos o alumnos, puedan expresar sus sueños y su rebeldía sin miedo.

Si sois educadores de verdad, de los que actúan con el corazón y viven enamorados de sus estudiantes y del aprendizaje, estaréis de acuerdo con la cita de Pablo Neruda con la que abro esta entrada. Pues bien, el papel del educador, sin importar el tramo de edad con el que trabaje, es hacer florecer. ¿Por qué, pues, hay tanta literatura sobre la Educación Infantil y Primaria y apenas sobre la Secundaria? ¿Por qué hay tanta formación específica para los niveles educativos inferiores y a la Secundaria se le dedica solo un año de máster (antes unos meses de CAP) y una oposición donde se premia los conocimientos de la materia por encima de los pedagógicos? Todos estamos de acuerdo en que la prevención es clave en el desarrollo evolutivo de nuestros niños y niñas. Son las primeras pinceladas que marcan nuestro rumbo hacia el alcance de nuestros sueños. Pero si estos niños y niñas no encuentran en su etapa adolescente a alguien que sepa continuarlo, a alguien que les escuche, que empatice con ellos y sepa entederlos respetando el momento de la vida en el que se encuentran, su transición a la vida adulta no será fácil y se sentirán perdidos, frustrados y probablemente incomprendidos.

Ya que todos tenemos una idea más o menos clara de cómo son los niños: les gusta jugar, contar historias, colorear, etc. pretendo compartir con vosotros mi experiencia de profesor con estas dos bonitas etapas de la vida: la preadolescencia (de los 9 a los 12 años) y la adolescencia (de los 13 a los 21 años, aunque en términos legales no sea así). Mi intención es que se trate de algo práctico que os ayude en vuestra labor diaria como docentes. Espero que os sirvan de ayuda estos consejos:

¿Cómo es la relación (pre-)adolescente - profesor?

Un niño necesita protección y que el adulto le marque cuál es su dirección a seguir. Por lo tanto, los niños tienden a llamar su atención y buscan complacerle contándole cosas de su vida. Sin embargo, los adolescentes, para poder convertirse en pequeños adultos independientes, necesitan distanciarse de esa protección del adulto. Para poder lograr salir de este proceso con éxito, los adolescentes acuden a su grupo de iguales, es decir, a sus compañeros y amigos, en busca de apoyo. Esta es la razón por la que prefieren contar sus historias a sus amigos y amigas antes que a ti. Así que, ¡no te lo tomes como algo personal! ¡Respétalo! Por supuesto, esto puede suponer un desafío a la hora de lograr la atención de nuestros estudiantes en clase. Así que, he aquí algunos consejos que pueden ayudarte:

- Intenta que el teacher talking time (el tiempo que tú pasas hablando en clase) sea el mínimo posible: haz que sean tus estudiantes quienes expliquen las tareas o deduzcan las explicaciones a través de preguntas y de la reflexión.

- Haz que tu tono de voz sea variado, tanto el volumen, como la entonación ayudan a que tus alumnos presten más o menos atención en clase. Con esto no me refiero a gritar ni mucho menos. De hecho, disminuir tu tono de voz cuando están hablando ayuda a que se giren y se interesen por lo que estás diciendo.

- ¡No te olvides de emplear el sentido del humor! Ríete con tus alumnos. Ellos te sentirán cercano y esto creará un vínculo emocional con ellos, clave para ganarte su respeto.

- Si el grupo está hablando y no te escuchan, mira a  los ojos a aquellos que están atendiendo. Cuando el resto del grupo te pregunte qué has dicho, diles amablemente que no te gusta repetir las cosas dos veces y que la próxima vez deberán prestar atención para saber qué es lo que hay que hacer.


Los adolescentes esconden su entusiasmo

Mientras que los niños suelen ser muy transparentes y muestran lo mucho que les gusta la actividad que están haciendo, los adolescentes tienden a mostrar aburrimiento o indiferencia. Esto se debe a que en general, debido a su mayor capacidad de reflexión se muestran más apáticos, ya que están enfrentándose a sus primeras pérdidas, entre ellas, la niñez. Además, "es guay" mostrarse así con su grupo de iguales, para ellos es muy necesario sentirse parte del grupo.

- Consejo: ¡No te lo tomes como algo personal!


Los adolescentes tienen bajos niveles de autoestima

Se trata de una etapa difícil en la que experimentan cambios hormonales, físicos y emocionales muy intensos. Pasan de ser "los mayores del colegio" a ser "los pequeños del instituto". Todo esto hace que hasta el niño "más guay" se sienta inmensamente inseguro por dentro y, por lo tanto, busque el reconocimiento de sus compañeros y se muestre cohibido en clase. Es probable que todo le dé vergüenza, que tenga miedo al ridículo y especialmente a cometer errores. 

- Consejo: Intenta hacerles ver que el error es parte del proceso de aprendizaje. Muéstrate tal y como eres, enséñales cuáles son tus defectos, ponte a su nivel y les estarás demostrando que todos somos más que eso. Y muy importante: sé consciente del poder que tienes para contribuir a aumentar y a destruir su autoestima y utilízalo de manera sabia. ¿Quién quiere herir a otras personas? No es algo natural.

Refuérzalos por aquello que hacen bien y no castigues lo que hacen mal

A pesar de que ellos lo escondan, a todos nos gusta que nos reconozcan lo que hacemos bien y que no nos torturen por aquello para lo que no somos buenos. ¡Hazles ver que cada error es una oportunidad para aprender!

Necesitan poner a prueba los límites

¿Qué quiere decir esto? Pues que cuando el profesor o profesora les dice: "No hagas esto" el estudiante siente dentro de sí mismo la irresistible necesidad de hacer exactamente "eso".
¿Para qué? Para comprobar si estás en serio o no.
¿Por qué? Pues porque necesitan que sus padres sean padres y que sus profesores sean profesores, es decir, adultos capaces de poner límites claros de manera que ellos puedan sentirse seguros como adolescentes, al igual que pasa con los niños. Las normas y los límites son necesarios para poder establecer objetivos. ¿A que cuando jugamos un partido de fútbol lo primero que hacemos es establecer dónde está la portería? Si no lo hacemos, ¿cómo podemos jugar al fútbol? Pues lo mismo sucede en clase y en casa. Consejos:

- Negocia las normas con ellos y escúchalos: Negocia las reglas del juego con ellos. Unas normas razonables les ayudará a saber qué esperar y a sentirse seguros: respeta a tus compañeros, escucha cuando los demás estén hablando, respeta tu turno de palabra, etc. No lo olvides: cuando rompen una norma no es que no la respeten, están poniendo a prueba al adulto que siguen necesitando. Por lo tanto, escúchalos, deja que se expresen, que te hagan saber cuáles son sus intereses y adapta tus clases a los mismos. Si aplicas estos consejos se sentirán tenidos en cuenta y, por lo tanto, seguros, comprendidos y escuchados.

- Si crees que le ayudará, disfrázate de autoridad. Pero solo eso, disfrázate. Como he dicho anteriormente, están en un momento de cuestionar todo lo que les rodea, necesitan rebelarse para crecer. ¿Por qué no ayudarles? Si lo crees necesario, ponte en casa el disfraz de profesor autoritario por un día y preséntate así en el aula, deja que su adolescente se rebele y desmorónalo haciéndole saber que lo que acaba de hacer es algo bello que denota la gran sabiduría que esconde dentro. El crecimiento de su persona será brutal.

Los preadolescentes siguen necesitando un cambio constante de actividades

No olvides que en este tramo de edad comparten unas características con los niños y otras con los adolescentes, por lo que su capacidad de atención todavía se está desarrollando.

- Consejo: Si una actividad se está alargando demasiado y tus alumnos no están concentrados o crees que no están sacándole todo el provecho que podrían... ¡Cambia de actividad! Ellos son los que marcan el ritmo, no tú ni el libro.

Los preadolescentes no entienden conceptos abstractos

La capacidad para comprender conceptos abstractos se desarrolla entre los 12 y los 16 años, por lo que los pre-adolescentes (de 9 a 12 años) no cuentan con ella todavía.

- Consejo: Profesores de lengua, no empleéis términos gramaticales complejos, ¡no están preparados para entenderlos! (Ejemplo de explicaciones que debemos evitar: Lleva -s en la tercera persona del singular, va al final de la frase porque es un adverbio, etc.).


En fin, podría extenderme mucho más, pero he intentado simplificar aquí lo que, como a la mayoría de vosotros, no me ha quedado más remedio que aprender a través de la práctica diaria.  Como siempre, cualquier sugerencia de mejora es bienvenida. Tan solo he querido compartir esas pequeñas acciones que podemos empezar a poner en práctica en clase desde ya para que, como docentes, contribuyamos a que esta etapa de la vida sea valorada y tratada como se merece, es decir, con el mismo respeto y amor con el que tratamos a todas las demás. Espero de todo corazón que, a aquellos que sienten un compromiso tan fuerte como el que siento yo hacia la educación, os sirva de ayuda. Para concluir, me gustaría añadir que creo y defiendo fielmente que necesitamos emprender un nuevo camino educativo, un camino en el que se ayude a reconocer y a desarrollar los potenciales de las personas siempre bajo una misma premisa: educar para ser feliz.

¡Os deseo un feliz reencuentro con vuestros (pre-) adolescentes!

sábado, 24 de octubre de 2015

La mirada de Ángel



"Algunas personas aparecen en nuestras vidas en momentos tan especiales, que se instalan para siempre en el álbum de nuestros afectos." 

 María Luisa Fernández


domingo, 18 de octubre de 2015

El enfoque comunicativo experiencial

El año pasado comencé un curso de formación gratuito (PDP) para profesores de español que, por falta de tiempo, no pude finalizar. En su primer módulo hablaban del enfoque comunicativo experiencial y recuerdo quedarme con ganas de profundizar más en él. La reflexión que viene a continuación viene del artículo de Analí Fernández de Corbachó: Aprender una segunda lengua desde un enfoque comunicativo experiencial, que podéis descargar aquí. Este enfoque resume muy bien el tipo de docente que aspiro a ser, ya que parte del enfoque comunicativo de la  enseñanza de lenguas extranjeras, pero en él también cobran gran importancia el componente afectivo y el trabajo cooperativo.

Todo docente de lenguas extranjeras del siglo XXI, sea cual sea la lengua que imparta, conoce el enfoque comunicativo y es consciente de cómo este enfoque fomenta la interacción y la motivación de nuestro alumnado, así como la reflexión sobre su propio aprendizaje. No obstante, tal y como se indica en este artículo, cuando no tenemos en cuenta el componente afectivo, este enfoque puede mostrar algunas carencias, tales como situaciones en el aula que no son verdaderamente comunicativas, actividades de poco interés  para los estudiantes debido a que no ven la utilidad de lo que estudian para su vida o un aprendizaje escasamente significativo y duradero. Estos ejemplos se ven reflejados en algunas de las actividades que planteamos cuando parecen fomentar la comunicación, pero luego descubrimos que esta no es real, ya que el objetivo implícito suele ser la mera práctica de vocabulario o estructuras vistos en clase, sin existir una verdadera necesidad de comunicación. También en el hecho de que hay actividades que parecen gustar mucho a nuestros estudiantes, pero cuando comprobamos semanas más tarde si verdaderamente han aprendido nos damos cuenta de que no recuerdan prácticamente nada. Por último, hay actividades que carecen de interés  para ellos porque no encuentran la utilidad de lo que estudian para su vida real.

Por este motivo, en este artículo se propone un enfoque comunicativo, pero que sea experiencial, es decir basado en las experiencias propias de los estudiantes. Está demostrado que cuando conseguimos conectar con los intereses y el día a día de nuestros alumnos y alumnas es mucho más fácil hacerles conscientes de cuál es su potencial a la hora de aprender y de despertar su curiosidad hacia el aprendizaje del español. Para que esto tenga efecto, debemos ponernos en la piel del estudiante y preguntarnos: “¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué busco en esta clase de español?”, así como tener en cuenta cuáles han sido sus experiencias anteriores en el aprendizaje de lenguas, tanto las positivas como las negativas. Es la única forma de conectar verdaderamente con su mundo real, de hacer que estén activa y personalmente implicados en su aprendizaje. Lo ideal sería que al final de cada clase cada uno haya aprendido algo válido para su vida, para su crecimiento personal y se sienta válido y orgulloso de sí mismo. Esto resulta muy beneficioso, ya que se transmite y contagia a todo el grupo. Como podemos observar, el enfoque comunicativo experiencial no busca solo el desarrollo intelectual de los estudiantes, sino también el personal.


Con todo, las experiencias por sí solas no son suficientes, hay que observarlas y analizarlas de manera consciente para ser capaz de asimilarlas y poder aplicar lo aprendido. Esto quiere decir que, al igual que en el enfoque comunicativo, la reflexión cobra un papel muy importante en el enfoque comunicativo experiencial. El estudiante es quien reflexiona en todo momento sobre su propio aprendizaje. Se trata de un factor clave que ayuda a procesar la experiencia, es decir, a conectar una experiencia nueva con otras pasadas.  Otro factor que cobra gran importancia en este enfoque es el trabajo cooperativo.  Puesto que una lengua solo tiene sentido en comunidad, el aprendizaje de la misma es un acto social y, por tanto, no podemos ignorar la interacción con los demás. Por ello, el docente debe aprovechar la conexión que la lengua tiene con la vida y con la cultura a la hora de impartir sus clases. Además, con el trabajo colaborativo surgen necesidades de comunicación real. Cuando los estudiantes están realizando actividades en grupos, deben negociar y dialogar como lo harían en su vida real. Una de nuestras grandes metas como decentes debe ser  hacer de nuestros estudiantes aprendices autónomos, y la autonomía se consigue construyendo juntos y no en competencia con los compañeros.

Para concluir, me gustaría añadir que todos sabemos que uno de los principales obstáculos a la hora de aprender una lengua extranjera es el miedo a ponerlas en práctica, el miedo al ridículo. No obstante, considero que estos serán más fáciles de superar por parte de los estudiantes si aplicamos un enfoque comunicativo experiencial, ya que con él se va más allá de lo intelectual y se trabajan también aspectos personales como el auto concepto, la motivación o la identidad personal. Estos harán que nuestros estudiantes se conozcan mejor a sí mismos y por lo tanto sean responsables y capaces de gestionar su propio aprendizaje, el cual será más duradero. Como siempre insisto, no debemos olvidar que la nuestra es una profesión en la que trabajamos con personas, por lo que la Inteligencia Emocional y el afecto son habilidades con las que debería contar todo docente. 

sábado, 3 de octubre de 2015

El rincón de las emociones

No es la primera vez que en este blog se hace referencia a las emociones. Ya dediqué una entrada al concepto de Inteligencia Emocional anteriormente (La Inteligenica Emocional llega al aula). No obstante, hoy me gustaría centrarme en uno de sus elementos: el (re)conocimiento de las propias emociones. Quiero compartir con vosotros cómo yo lo llevo a la práctica con mis niños y niñas, así como los buenos resultados que tiene.

Antes de nada, quiero aclarar que a pesar de que lo que hoy os voy a contar está más centrado en niños (es con el tramo de edad con el que trabajo este año), bajo mi punto de vista, cualquier docente, ya sea de lenguas extranjeras u otra disciplina; de niños, adolescentes o adultos; puede llevar a cabo iniciativas similares en su práctica diaria. No olvidemos la importancia que tiene el componente emocional a la hora de conectar con nuestros alumnos y alumnas.

Os pongo en contexto: este año estoy trabajando como profesor de inglés con niños de entre 6 y 10 años. Se trata de niños y niñas que pertenecen al siglo XXI, que pertenecen a un mundo que cambia constantemente y que lo hace a la velocidad de la luz. Por lo tanto, considero esencial tener en cuenta que para ellos una evaluación que se centre en las habilidades para aprender conceptos queda obsoleta. Toca incorporar al aula otras habilidades que muchos de los adultos carecemos por no haber sido educados para desarrollarlas: habilidades para relacionarnos con los demás, para motivarnos, para reconocer cómo nos sentimos y cómo nos puede afectar esto en todo lo que hacemos. ¿Cómo trabajo yo este último punto en clase?


Con                EL RINCÓN DE LAS EMOCIONES (THE MOODS CORNER)



Trabajar rutinas con los peques es muy beneficioso, pero si aún encima lo hacemos para desarrollar su inteligencia emocional los resultados pueden ser asombrosos. En mi caso, como soy profesor de una lengua extranjera, primero he tenido que enseñar a mis estudiantes a cómo hablar sobre sus emociones en inglés. Durante un par de sesiones trabajamos de manera muy visual y lúdica (juegos, canciones, role-plays, etc.) los diferentes estados de ánimo (happy, sad, angry, etc.) y la pregunta How do you feel today? - ¿Cómo te sientes hoy? Una vez adquiridos estos conocimientos lingüísticos, procedí a crear el rincón de las emociones. Busqué un rincón en el aula donde colocar las tarjetas que habíamos utilizado para aprender el vocabulario y al cual acudimos cada día al principio de la clase para expresar cómo nos sentimos. La rutina que sigo con ellos es la siguiente:

1.- Al llegar, cada niño coge un post-it con su nombre y lo cuelga en la emoción de ese día (es importante recordar a los niños que deben ser sinceros. Muchos tienden a estar siempre "felices" porque todavía no han aprendido a identificar sus emociones o les han enseñado que la alegría es la única emoción válida).

2.- How do you feel today?: Después, sentados en círculo les pregunto uno a uno cómo se siente ese día y hago comentarios para mostrarles que tengo interés y que empatizo con él o ella. Por ejemplo, si un niño me dice que está cansado le digo: "Buf, te entiendo, los lunes son duros" o si está feliz: "Qué bien, cómo me alegro, a ver si nos contagias a todos con tu alegría".

3.- Why?:Sin embargo, cuando un niño expresa que está triste o enfadado hacemos un parón y le pregunto por qué (para que identifiquen por qué se sienten así. Es importante que lo expresen libremente, no debemos forzarlos).

4.- Can we help you?: A continuación le pregunto si podemos ayudarle (resalto el -emos porque no soy yo el único que intentará ayudarle, si no el resto de la clase - recordemos la importancia de fomentar la construcción de lazos entre todo el grupo).

Como podemos ver, de esta forma, nuestros pequeñines han identificado así la emoción, le han puesto un nombre y la han compartido para, entre todos, buscar una solución

Que importante hacer ver a nuestros estudiantes que nos preocupamos por ellos... Estamos trabajando con personas, ¡no lo olvidemos! ¿Cómo no vamos a tener en cuenta que un alumno nos llegue triste o enfadado a clase? Es mucho más importante preguntarle si podemos hacer algo por él, si necesita hablar,  que los contenidos que tenemos preparados para ese día, ya que si ese alumno no resuelve su conflicto emocional, esos contenidos no servirán de nada. 

Quiero compartir con vosotros un ejemplo de lo beneficioso que me resulta todo esto en mi clase. Hace dos semanas, mis estudiantes llegaron a clase y, siguiendo la rutina de cada día, empezaron por poner sus nombres en la emoción que sentían ese día. La mayoría pusieron su nombre en la carita feliz (o bien lo estaban, o todavía están aprendiendo a identificar sus emociones), dos pusieron su nombre en la carita que expresa cansancio y una en la de enfado (¡Sí! - me dije - Parece que el rincón de las emociones empieza a dar resultados). Seguí el procedimiento que os acabo de exponer. Primero le pregunté a la niña cómo se sentía, me dijo que enfadada y le pregunté por qué. Me explicó que se había torcido el pie en Educación Física y que, aún así, sus padres la habían obligado a venir andando a la escuela. Le dije que entendía el motivo de su enfado y procedí a formular la pregunta: Can we help you? (¿Podemos ayudarte?). Todos los niños, ella en especial, se quedaron como asombrados y cuchicheaban en voz baja. La verdad es que esto, tristemente, me sorprendió. ¿Era la primera vez que veían a un profesor preocuparse por ellos de esta manera? Volví a repetir la pregunta: "¿Podemos ayudarte?" a lo que me respondió: "Sí, sí que podéis". Le pregunté que cómo y me dijo: "Haciéndome reír entre todos". Acto seguido, sin yo decir o hacer nada, todos los niños empezaron instintivamente a hacerle muecas y la niña empezó a reírse. Podéis imaginar mi sentimiento de satisfacción (¡Misión cumplida!). Volví a preguntarle: "¿Cómo te sientes ahora?" "Ahora estoy contenta, gracias" y me dio permiso para cambiar su nombre a la carita feliz. Para mí, esa clase había sido todo un éxito. Entre todos conseguimos que esa niña se sintiese comprendida y pudiese sacar provecho a la lección (¡Vamos bien!).

En la siguiente clase, cuando volvimos a hacer la rutina, uno de los niños me preguntó: ¿Y tú cómo te sientes? (¡Misión cumplida por segunda vez! :D ). Yo, teatrero como soy, les dije que triste. Me preguntaron que por qué (¡misión cumplida por tercera vez!). Les dije que tenía un día triste porque echaba mucho de menos a mi familia (ellos creen que yo soy inglés y que mi familia vive en Inglaterra). Atentos, que ahora viene la mejor parte... En este momento, la niña que la semana anterior estaba enfadada me pregunta: "Profe, ¿podemos ayudarte?" (¡¡¡Sí!!!). Yo ya estaba satisfecho, no me importaba cómo se desenvolviese el resto de la clase, esos niños, puede que no todos, pero sí la mayoría, ya habían subido un escalón, ya estaban adquiriendo habilidades de inteligencia emocional. A continuación, para enseñarles algunas habilidades de pensamiento alternativo y de motivación intrínseca y aprovechando además para trabajar la estructura to be good at + verb -ing (ser bueno haciendo algo en inglés), les dije que cuando estaba triste tenía un truco para no estarlo tanto: pensar en tres cosas positivas sobre mí mismo. Les enseñé un post-it donde resaltaba tres cosas en las que era bueno usando la estructura gramatical que acabo de mencionar. A continuación, ellos hicieron lo mismo (esta tarea, realmente, fue mucho más larga, pero aquí solo me estoy centrando en la parte emocional de la misma). De esta forma, los peques empezaron a reflexionar sobre qué les gusta, qué les apasiona, pero también para qué son buenos, cuáles son sus habilidades. La idea es que les ayudemos también a descubrir cuáles son esas cosas en las que son verdaderamente buenos. A todos se nos dan bien muchas cosas, pero siempre hay algunas en las que destacamos más (dependiendo de lo desarrolladas que tengamos nuestras distintas inteligencias. Ver: Inteligencias Múltiples: Llegando a todo el alumnado). ¿Por qué no acompañarlos en este descubrimiento de gustos y habilidades? Si rechazamos hacerlo, entonces no nos sorprendamos cuando vemos a universitarios haciendo carreras que no les gustan o no les apasionan porque "no sabían que hacer" y que, por lo tanto, son infelices.

Bueno, esto es tan solo una prueba de que llevar el componente emocional a las aulas es posible. Solo hay que formarse, investigar y sobre todo querer. No hay aprendizaje más bonito que el que emana del corazón. Si trabajamos con niños, hagamos que estos crezcan para convertirse en personas felices, capaces de resolver problemas y de relacionarse exitosamente con el mundo que les rodea.

La diferencia esencial entre emociones y razón es que la emoción lleva a a la acción mientras que la razón lleva a conclusiones - Donald Calne.