Educarte para valorarte

Educarte para valorarte

viernes, 25 de abril de 2014

La Gran Educadora


Hoy es un día especial, un día que no puede pasar desapercibido. Hoy es el cumpleaños de la Gran Educadora, mi madre. Es el primero de muchos que no pasaré a su lado y, por ello, quiero que el mundo sepa quién fue y cuál es su legado. Este blog no existiría si no fuese por ella, así que hoy le rindo homenaje a la más grande, a ella, a mi madre, a la Gran Educadora.

No conozco ninguna huella más permanente en la vida que la que dejan las madres. Pronto se acerca también el Día de la Madre y no sabéis cuánta nostalgia me produce, no solo porque la mía ya no esté conmigo, sino porque es el día en el que las verdaderas heroínas de nuestro mundo reciben el crédito que se merecen. Me quito el sombrero ante cada una de vosotras. Sois, sin duda alguna, la persona más influyente en la vida de vuestros hijos. Mucho más que cualquier profesor, ministro o médico. Por esta razón, debéis ser conscientes de la gran responsabilidad que supone traer un hijo al mundo y ser un ejemplo a seguir para ellos, tal y como lo fue mi madre.

La influencia de una madre es tan grande que la moldeamos sin darnos cuenta de que lo estamos haciendo y, a lo largo de nuestras vidas, volvemos a ella constantemente. Cuando pienso en cómo ha influido mi madre en mí, solo me viene una palabra a la cabeza: AMOR. Siempre, desde pequeños, tanto a mi hermana como a mí nos qusio de manera incondicional y lo dio todo por nosotros, sin importarle lo que pudiese venirle encima. Prueba de ello es el hecho de que debido a la enfermedad que padecía le recomendaron no tener hijos porque podría resultar peligroso. No obstante, ella luchó por tenernos hasta tal punto que, cuando yo nací, casi morimos juntos en el parto. Desde ese momento, desde el comienzo de mi vida, ella ya me estaba enseñando a luchar, a luchar por lo que más se quiere. En su caso, sus hijos.

Está claro que mi vocación viene de ella. Siempre preocupada por que tuviésemos una buena educación, por que creciésemos felices y por que fuésemos buenas personas.  Siempre predicó con el ejemplo: era una mujer luchadora, fuerte, llena de amor, generosa y solidaria con los demás. Probablemente sea la persona más resiliente que he llegado a conocer.

¿Os suenan todas estas palabras? Exacto, se corresponden con las de la cabecera del blog. He ahí la grandeza de su influencia una vez más.

Ella, mejor que nadie, aprendió por sí sola a educarnos en valores, a respetar a los demás, a ser tolerantes, a saber gestionar nuestra frustración cuando las cosas no iban como queríamos, a ser pacientes… Y había tantas otras cosas que aún podría aprender de ella… Desde el minuto uno nos aceptó tal y como somos, con nuestras virtudes y defectos. En su mente no había lugar al odio ni al desprecio ni al rencor.

¿Amor? Hasta ya dudo  que esa palabra defina todo lo que hizo por nosotros. A mi parecer, lo suyo era y es mucho más que amor, algo que quedará anclado en mi corazón de por vida.

La persona más importante de mi vida ya no está conmigo, así que lo mínimo que puedo hacer por ella es continuar con su legado. Aspiro a convertirme en un educador como ella, aunque sé que eso es imposible, pero dicha aspiración me mantendrá vivo y hará que luche, tal y como me enseñó.

Su legado no puede pasar desapercibido, siento la obligación de transmitirlo a los demás. Cada vez que doy un consejo a alguno de mis alumnos, me viene a la mente el momento en el que ella me lo daba a mí. En ese momento lo que siento es nostalgia, pero al mismo tiempo satisfacción porque sé lo orgullosa que estaría ella de mí y porque sé que dicho consejo tendrá un efecto tan positivo en la vida de mi alumno como lo tuvo en mí cuando me lo dio mi madre.

Desde esta entrada animo a todas las futuras madres (y a las que ya lo son) a que nunca olviden lo importante que son para la vida de sus hijos. En la escuela los profesores contribuimos a su educación, pero vosotras sois las que mayor poder tenéis en sus vidas y, sin vuestra ayuda y colaboración, los profesores poco podemos hacer. A mi parecer, ambos somos responsables de sus vidas, por lo que tenemos que trabajar de la mano y no de manera independiente. Solo así lograremos que nuestros hijos y alumnos lleguen a ser grandes personas. Soy un privilegiado por haber tenido una madre que entendió esto a la perfección.

Hoy va por ti, mamá. Gracias por hacer de mí la persona que soy. Te echo tanto de menos...

Feliz Cumpleaños, esta canción va por ti.


miércoles, 23 de abril de 2014

Pensando en los demás

Hoy quiero compartir con vosotros un documental precioso que me enseñó una gran amiga mía y futura educadora: Pensando en los demás.


En tan solo 50 minutos, el documental muestra como el profesor de Primaria, Toshiro Kanamori, tutor de 4ºA por segundo año consecutivo se preocupa por crear en el aula un ambiente de confianza en el que las emociones son las protagonistas. El señor Kanamori comienza el curso haciendo una pregunta a sus alumnos de Primaria:

- «¿Qué es lo más importante para este año?» «¿Para qué estamos aquí?»

- «¡Para ser felices!»

- «Solo tenemos una vida y tenemos que vivirla con alegría. Eso se consigue aprendiendo a pensar en los demás».

El profesor se toma esto al pie de la letra, quiere que sus alumnos generen sólidos vínculos de unión entre ellos y convierte el aula en un lugar donde los niños y las niñas no se sienten cohibidos a la hora de expresar sus sentimientos y compartir sus emociones con el resto de sus compañeros. Para ello, se llevan a cabo determinadas rutinas. Por ejemplo, todos los días se leen cartas escritas por los niños y niñas en las que narran cómo se sienten o cuál es su opinión acerca de algo que ha sucedido en sus vidas. Una vez leídas, se procede a un debate entre el resto de compañeros, lo que permite que todos se conozcan mejor. Una muestra clara de ello es cuando en el vídeo se lee una carta en la que se cuenta la pérdida de un ser querido. Esto llega a los corazones de todos los alumnos y genera un ambiente de solidaridad extremo en el que se anima y ayuda a otros alumnos que han tenido el mismo problema a que lo compartan sin miedo y cuenten cómo se sienten al respecto. De esta manera, los niños y niñas expresan sus emociones, las cuales acompañan de llantos, risas, enfados, etc.

¿No os parece esto muy interesante a la par que importante? Parece que muchos docentes ven a sus alumnos como máquinas de aprender en lugar de personas con sentimientos, los cuales, debido a su inmadurez y falta de experiencia en la vida, confunden en numeras ocasiones. La educación actual debería dar un giro e incluir la competencia emocional en el currículum. Creo que ese es el único camino que debe seguir la educación hoy en día.

Pero, ¿qué es la competencia emocional? Esta competencia se refiere la capacidad que tiene una persona para expresar  sus propias emociones con total libertad y se deriva de la inteligencia emocional, que es la capacidad para identificar las emociones; la competencia se aprende y  determina la habilidad que tiene una persona para interactuar de forma constructiva  con otras personas.  Esta competencia emocional personal se basa en la conciencia de uno mismo, la cual resume el reconocimiento de las emociones individuales y cómo las emociones afectan a otras personas, y también se basa en  la capacidad de mantener un control emocional y cómo manejar la adaptación; hay que tener en cuenta que para ello hay que ser capaz de entender las emociones personales antes de valorar las emociones de otras personas. En algunas Comunidades Autónomas como Castilla La Mancha ya la incluyen como una competencia básica más del currículum.

Los niños son expertos en esconder sus sentimientos y esto, a largo plazo, puede acarrear consecuencias graves en su desarrollo como personas. Es por ello que es importante que los profesores y maestros les invitemos a compartirlos, asegurándoles que sus palabras van a ser tratadas con respeto y amabilidad. A pesar de que a veces no estemos del todo de acuerdo con lo que está sintiendo un alumno concreto (ira, envidia, agresividad, etc.), debemos aceptarlo, ya que es la realidad y lo que debemos valorar es el hecho de que haya sido capaz de expresarlo. En eso consiste la competencia emocional.

La realidad en la mayoría de las aulas de nuestro país dista mucho de esto. Por miedo a perder el control, muchos profesores quieren que sus alumnos estén callados, sentados, sin moverse, mirando al encerado y escuchando sus explicaciones llenas de contenidos puramente académicos. Las preguntas que normalmente se les hacen son cerradas, de sí o no, en lugar de preguntas abiertas, de las cuales no cabe esperar una respuesta clara y concisa, sino que invitan a la reflexión. En lugar de crear pensadores críticos, lo que se están creando son máquinas de repetición, producto del momento en el que se crea la escuela (revolución industrial). Esto tiene mucho que ver con un concepto denominado La tercera revolución educativa a la que algún día dedicaré una entrada.

Volviendo al documental, bajo mi punto de vista, el regalo más grande que el señor Kanamori hace a sus alumnos es invitarles a experimentar la alegría de vivir. ¿Y cómo se enseña eso? ¿Cómo podemos transmitirlo? Una vez más, hay que predicar con el ejemplo y tener vocación. He ahí otro de los grandes problemas de nuestro sistema educativo actual. Hay mucha gente en el mundo de la docencia que no se siente así, ya sea por falta de vocación o por tener sus emociones atrapadas, lo que hace que traten a sus alumnos como objetos y con muy poco amor. ¿No os parece esto una locura? ¡Como docentes tenemos la responsabilidad de cuidar a las personas que están bajo nuestro cuidado! A mi parecer, esto es mucho más importante que asegurarse de que memorizan (ni siquiera aprenden) todos los contenidos. Con esto no estoy diciendo que tengamos que vivir en un mundo flower power y que la alegría brote por los poros de la piel, ni mucho menos. Se trata de entender nuestras emociones, saber gestionarlas y no permitir que estas recaigan sobre nuestros niños. Es muy injusto hacerles responsables de algo que no es suyo, sino nuestro.

También quiero resaltar de este documental la forma en la que el maestro enseña el valor de la solidaridad y la empatía a sus niños y niñas. Tras realizar un proyecto con toda la clase en el que los alumnos construyen una balsa, el profesor decide imponer un castigo injusto a uno de sus alumnos para que el resto salga en su defensa y todos juntos puedan disfrutar de la recompensa final. Realmente me puso los pelos de punta ver cómo todos se preocupaban por su compañero. Una vez más, esto dista mucho de la realidad, en la que estamos fomentando la competitividad en lugar de la unión y la solidaridad. ¿Cuál es el motivo? No lo sé, pero no estoy para nada de acuerdo con ello.

En fin, os recomiendo encarecidamente a todos que le echéis un vistazo a este documental. Os hará reflexionar y daros cuenta de que estamos siendo educados en un sistema educativo que no recibe el crédito que se merece y que lo que está creando son máquinas de repetición en lugar de personas. Aunque poco a poco se empiezan a ver cambios, aún queda mucho camino por recorrer.

Yo creo que otro tipo de educación sí es posible: una educación libre y democrática en la que los niños y niñas aprendan a su ritmo, pongan sobre la mesa sus sentimientos y emociones abiertos al debate, en la que exista el respeto y la empatía, y en la que los profesores acompañan y guían, en lugar de dirigir y mandar. Creo que esta es la verdadera fórmula para la felicidad, para lograr esa alegría de vivir. Sigamos el ejemplo del profesor Toshiro Kanamori.


«En Japón, el único profesional que no precisa reverenciar al emperador es el profesor pues, según los japoneses, en una tierra donde no hay profesores, no puede haber emperadores».

jueves, 10 de abril de 2014

Despidiendo a mis alumnos

Hoy y mañana son para mí dos días feos, muy feos y difíciles. Mi periodo de prácticas llega a su fin, lo que conlleva decir adiós a mis primeros alumnos, a mis primeros niños.

La entrada de este blog va por cada uno de ellos. Por cada corazoncito que existe en las aulas de 2º A, 2º B, 2º C y  2º D de la ESO. No puedo dejar a mis niños así como si nada. Parecerá poco tiempo, pero para mí un mes a su lado ha sido como si hubiese estado con ellos todo un ciclo.

No he trabajado en un kiosco de revistas, ni como secretario de una empresa. He trabajado en un colegio, con personas, con adolescentes, y son ciento veinte las almas en las que he tratado de dejar huella. En las que he intentado con todo mi corazón enseñar la lengua inglesa, así como otros valores que se incluyen en la portada de este blog: la solidaridad, la resiliencia, la cooperación, el ver los errores como algo vital en el proceso de aprendizaje, etc. Durante este periodo he intentado que mis alumnos se sientan comprendidos, escuchados y que sean conscientes de que aprender inglés puede ser divertido, interesante y útil para sus vidas.

Sé que he devuelto la ilusión a muchos de sus corazones porque ellos mismos me lo han hecho saber. Hoy quiero compartir con todo el mundo cómo ha sido mi despedida con ellos. ¿Por qué? Ha sido algo tan emotivo y bonito, que quiero que quede por escrito, para en un futuro poder volver a ver este texto y no olvidar ninguno de los detalles de este día.

Tras realizar las últimas actividades antes de mi partida, les pasé un cuestionario anónimo a mis alumnos para que me evaluasen a mí y a mis clases. En el apartado “Lo que más me ha gustado de las clases con Emilio es…” me he encontrado con frases como: “Su manera de ayudar a los alumnos”; “que se ha preocupado por mí”, “Emilio, aprendí mucho, eres el mejor, me has ayudado tanto…”; “su interés”; “la forma de dar las clases y el apoyo que nos da para que no nos rindamos”; “sus esfuerzos todos los días fuera de clase para poder dar el día siguiente una mejor clase y más divertida” o “enseña cosas y nos hace divertirnos. Enseña bien y explica las cosas claras. Se preocupa por nosotros”. Esta última frase no la he subrayado yo, estaba subrayada por la persona que la escribió.

Para mí es una gran satisfacción, como comprenderéis, que para la mayoría de mis alumnos lo mejor de mis clases haya sido el hecho de haberme preocupado por ellos y el que hayan sido conscientes del interés que tengo por que aprendan. Me han dado una gran lección y esto va para todos aquellos que dicen que tratar con adolescentes es imposible… ¿Recordáis lo que dije en otra entrada sobre cómo conectar y motivar a nuestro alumnado? Es posible, creedme. Solo hay que querer.

Puede que con esta entrada esté quedando de modesto, no lo sé, pero tampoco es mi intención. Tan solo pretendo que veáis que la empatía y el ser amable con nuestros niños tienen su fruto. En el apartado sobre qué aspectos les gustó menos apenas hubo comentarios negativos. Lo más negativo que me han puesto y que, por supuesto tendré en cuenta en el futuro ha sido: “Pasa las diapositivas muy rápido y no nos daba tiempo a copiar”. Otros pusieron que lo más negativo de este mes con ellos ha sido “la despedida”. Sin duda, para mí también lo ha sido.

Por último, quiero resaltar el último apartado en el que tuvieron que rellenar un cuadro con algo nuevo que hayan aprendido mientras yo estuve ahí y que no sabían antes. Para mi sorpresa, a pesar de que algunos me pusieron contenidos gramaticales, un porcentaje muy alto contestaron cosas del tipo: “Que tenemos que ayudarnos y que fallar es bueno”; “que de los errores se aprende”; “nunca hay que rendirse. Equivocarse es la mejor manera de aprender”; “que hay que respetar a la gente cuando se habla”; etc. Sorprendente, ¿eh? Niños de 13 años son conscientes de que detrás de todo lo que les he enseñado, siempre había un mensaje subliminal, el cual han captado a la perfección.

No obstante, lo más emotivo del día para mí ha sido cuando en una de las clases todos mis niños se han cogido de la mano y han comenzado a cantar la canción de We are the world for Haiti de Michael Jackson y otros famosos. Días atrás trabajamos con esta canción en el aula, tanto la lengua como los valores que dicha canción lleva implícitos. Mientras la estaban cantando un alumno se me acercó y dijo: “Esto es lo que has conseguido, Emilio, que estemos todos unidos”. Fue muy difícil contener las lágrimas en ese momento y más cuando vi que dos de mis niños estaban llorando desconsoladamente porque me iba. De hecho, a uno lo tuvo que sacar la profesora del aula porque le estaba costando hasta respirar.

Al final de todo les di las piruletas que os enseñé en la otra entrada con la frase de Michael Jordan (“I failed over and over again in my life…And that’s why I succeed”- “He fallado una y otra vez en mi vida, por eso he conseguido el éxito”) y mi correo electrónico. Me dieron las gracias y muchos me dijeron que la iban a llevar siempre con ellos. Otro niño me dijo que iba a jugar un torneo de fútbol en Portugal y que me iba a dedicar un gol. Otro me vino a decir entre lágrimas: “Gracias por ayudarme tanto y por enseñarnos a ser mejores personas”. Al llegar a casa, me encontré una nota que otro alumno me había dejado en mi mochila sin que yo me enterase. En fin, ha sido un día más que emotivo y aunque ha estado lleno de lágrimas, sé que esas lágrimas son porque he conseguido cambiar sus vidas de cierta manera y que ha sido para bien. Así que con lágrimas en los ojos, puedo decir que me voy con la cabeza bien alta y que adoro esta profesión y las satisfacciones que produce. Mañana continúan las despedidas, muy a mi pesar.

Un pequeño mensaje a mis alumnos de 2º de la ESO:

GRACIAS por vuestro cariño.
GRACIAS por hacer fácil mi trabajo.
LUCHAD por lo que queréis en esta vida.
TODOS valéis MUCHO.
NO PERDÁIS las ganas de APRENDER.
NO PERDÁIS la ilusión que tenéis. A mí me la habéis devuelto.
RESPETAD siempre a los demás.
Que NADIE os haga sentir inferiores JAMÁS.
SED felices, si os lo proponéis lo conseguiréis.
Recordad, para llegar a la cima hay que LUCHAR y CAER.
Siempre que necesitéis mi ayuda aquí estaré de manera incondicional y desinteresada.

¡No sabéis el cariño que os he cogido en tan poco tiempo!


Por niños como vosotros, no dudéis que seguiré luchando.

miércoles, 9 de abril de 2014

Aprender a través de la risa es posible

Hoy comparto con vosotros un artículo publicado en el periódico británico The Guardian sobre la risa en el aula. La traducción ha sido realizada por mí. Espero que os guste.

Cuando preguntamos a la mayoría de profesores de lengua con experiencia acerca de la risa y el humor, éstos admiten, sin problema alguno, fomentar ambos  elementos en sus clases. ¿Cuál es, pues, el papel del humor espontáneo y no planeado, es decir, de esos momentos en los que toda la clase ríe a carcajadas antes de volver a ponerse con la tarea en la que estaban trabajando?

Durante los primeros días del curso, cuando conocen a sus alumnos por primera vez, los profesores de lengua transmiten muchos mensajes ocultos a través del lenguaje corporal, esto es, su conducta general y la manera en la que se dirigen a sus alumnos. Un mensaje claro (normalmente implícito) está relacionado con el tipo de ambiente que pretenden crear y fomentar en el aula.

Para crear un espíritu de informalidad en sus clases, estos profesores intentan reducir la distancia social que existe entre ellos y sus alumnos. Para lograrlo, se muestran amigables y accesibles ante sus estudiantes. Con una sonrisa, animan a los alumnos a hablar y a reconocer sus esfuerzos, siendo comprensivos con los errores que cometen.

A veces también hacen ver con humor a sus estudiantes que ellos mismos tienen dificultades con la pronunciación de algún sonido. Si cometen un error en el encerado (tal y como les sucede en ocasiones a la mayoría de docentes), lo tratan con humor y muestran que se avergüenzan de ello – esto lo hacen también para demostrar que los errores son una parte natural del proceso de aprendizaje.

Cuando un profesor tiene que llamar la atención a un alumno, tiende a hacerlo de manera firme, pero con tacto, y volviendo a lo que estaba explicado lo antes posible (aplicando la disciplina con humor reduce el riesgo de enemistarse con los alumnos más difíciles de llevar).

Los aprendices de una lengua son capaces de captar rápidamente el mensaje de que su profesor acoge bien la risa y el humor espontáneos en el aula (siempre y cuando se trate de “reírse con” y no “reírse de”). Si sienten que el profesor les da permiso para reírse, de inmediato muchos alumnos comienzan a relajarse y a comportarse de manera positiva.

No todas las clases de lengua responden de la misma manera y al instante a las iniciativas de humor llevadas a cabo por sus docentes. Algunos alumnos se muestran relativamente indiferentes a lo largo de las clases por un gran número de razones. A veces les lleva más tiempo relajarse y recibir bien el humor.

[…]



Los profesores de lengua utilizan un gran número de técnicas específicas para asegurarse de que en sus clases sigue abundando la risa. Durante las primeras clases del curso, los docentes con más experiencia permanecen alerta para detectar a los estudiantes más extrovertidos y espabilados y desarrollar con ellos una relación más dicharachera.

[…]

Con los años, los profesores con más rodaje ponen en práctica técnicas que han sido comprobadas. Éstas se traducen en forma de expresiones faciales, gestos exagerados, juegos de palabras, chistes ya conocidos, etc. que controlan debido a su experiencia y que saben que provocarán la risa suponiendo una inyección de vitalidad en el aula. También saben qué actividades interactivas relacionadas con  la lengua son las que más vida darán a la clase. Sin embargo, son conscientes de que sus estudiantes pueden sobre-excitarse y que la risa puede llevar al descontrol.

A medida que van progresando, las clases de lengua desarrollan sus propias culturas individuales: los alumnos comparten y comprenden las diferentes personalidades, pasiones y los puntos fuertes y débiles  de sus compañeros. Cada clase desarrolla  también una memoria colectiva de distintos incidentes que han tenido lugar en una clase concreta. Este sentimiento de intimidad permite que haya pequeños  estallidos de risa que son evocados por algún referente (ya sea el profesor o un alumno) y que vienen dados por situaciones anteriores que les parecieron graciosas.

Sin duda alguna, el humor es una fuerza poderosa en cualquier situación y un fenómeno altamente complejo. Sin embargo, hay casos en los que el humor es perjudicial para el bienestar de los individuos. La burla es uno de esos casos. Mientras que a algunos alumnos no les importa estar en un primer plano (por ejemplo, cuando se les pone un mote), a otros sí. Las bromas que en un principio parecían graciosas ahora pueden no resultarlo tanto. La mayoría de los profesores que incluyen la burla en su repertorio personal de técnicas que fomentan la risa se echan rápidamente para atrás cuando ven que están ofendiendo a alguien.

A pesar de que la risa tiene el potencial de ser usada de manera imprudente, los profesores de lengua con experiencia la ven como un algo positivo para sus clases. Éstos acogen bien la risa de toda la clase y la fomentan. Para estos docentes los pequeños estallidos de risa son esenciales y un signo tranquilizado en el sentido de que su clase está funcionando de manera unida y responsable.

Estos profesores saben que una buena enseñanza va mucho más allá de un dominio excelente de técnicas. Ésta requiere hacer que cada clase funcione de la manera más colectiva posible. Un uso del humor acertado es una gran manera de animar a los alumnos a convertirse en un grupo social alegre, en el que se apoyen mutuamente y en el que haya un buen ambiente.

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Fuente: The Guardian (http://www.theguardian.com/education/2007/dec/05/tefl2)

Traducción: Emilio López López (autor del blog) 

martes, 8 de abril de 2014

Motivando a nuestros alumnos

En numerosas ocasiones, los docentes nos quejamos de que los alumnos no muestran mucha motivación en aquello que les transmitimos. No obstante, olvidamos que esto puede deberse a que no somos capaces de conectar con ellos. Motivar a tus alumnos es posible y, más que posible, bajo mi punto de vista es esencial. ¿Hay algo más gratificante para un profesor que conseguir captar la atención, curiosidad e interés de sus alumnos?
Los alumnos se sienten cómodos y motivados cuando los profesores crean un ambiente en el que todos los estudiantes pueden interactuar los unos con los otros, expresar sus ideas con respeto y siendo respetado, así como cuando se les da la oportunidad de tener un papel activo en su propio proceso de aprendizaje.
Existen numerosas formas de logar motivar al estudiantado, puesto que cada docente tiene una personalidad distinta. No obstante, en esta entrada pretendo compartir las mías, algunas ya puestas en práctica y otras todavía no debido a mi falta de experiencia, pero que sí pretendo tener en cuenta en el futuro. Espero que os sirvan de ayuda y os animo a que compartáis vuestras ideas. Al fin y al cabo, ese es el fin con el que ha nacido este blog.
·        Crear un sentimiento de comunidad en el aula.
     Esto tiene mucho que ver con lo que acabo de exponer. Los estudiantes tienen que sentirse cómodos, respetados, sin miedo, relajados a la hora de expresar sus ideas y de aprender. Por su parte, el profesor debe ser capaz de crear un ambiente donde todos colaboren con todos, donde el error sea visto como una parte esencial del proceso de aprendizaje y en el que los alumnos sean los protagonistas de dicho proceso, es decir, sean conscientes de que forman parte de aquello que les transmitimos. ¿Cómo logramos esto? Un buen método es el famoso aprendizaje colaborativo, en el que el docente se sitúa en un segundo plano para asesorar y guiar a sus alumnos en el proceso de aprendizaje, mientras que estos son la parte activa de dicho proceso.
·      Tener en cuenta los diferentes estilos de aprendizaje del alumnado.
      Podría dedicar una entrada entera a este apartado, pero no está de más introducirlo aquí. Cada uno de nuestros alumnos tiene una forma de aprender diferente (unos tienen la memoria visual más desarrollada, otros necesitan ver escrito los que se les está explicando, etc.). Es muy importante que seamos capaces de atender de manera individual a los diferentes estilos de aprendizaje de nuestros alumnos y que llevemos a cabo actividades que lleguen a todos y que estén basadas tanto en sus intereses como en sus necesidades. He aquí la clave de la motivación.
·         Predicar con el ejemplo.
      Tal y como expuse en la entrada sobre la resiliencia, el profesor debe estar motivado para poder motivar a sus alumnos. Para ello, es interesante que los materiales y recursos que utilice se ajusten a sus intereses, pero sin olvidar que también debe tener muy en cuenta los de sus alumnos. Solo aquellos profesores que amen la enseñanza serán capaces de hacer que sus estudiantes amen aprender.
Por ejemplo, en mi periodo de prácticas me tocó dar  a mis niños el futuro en inglés con el tema de deportes. Personalmente, soy una persona a la que no le gusta mucho el deporte. Aun así, me informé acerca de cuáles son los deportes típicos de los países de habla inglesa y, por mis alumnos, estudié un poco en qué consistían dichos deportes y les hice una presentación en la que ellos eran los protagonistas y en la que podían expresar sus diferentes puntos de vista (siempre en inglés) acerca de estos deportes.
Otras actividades que hice fue enseñarles los resultados actuales de la liga inglesa de fútbol y hacer predicciones con will (apuestas) acerca de quién ganaría, quién perdería, etc.
¿Qué hay detrás de todo esto? Básicamente, de esta forma, mis alumnos ven que lo que aprenden en el aula tiene un uso real fuera de ella. Esto les motiva a seguir aprendiendo (¿o acaso nunca os han preguntado “para qué sirve esto que estamos dando”?) y les hace ver que ese uso puede estar relacionado con sus intereses.  A lo largo de la presentación también les hice preguntas del tipo: “¿Qué equipos conocéis que jueguen para la Premier League?” o “¿Qué jugadores conocéis que jueguen para dicha liga?”. Como podréis imaginar, tras formular estas preguntas lo siguiente en venir fue una oleada de manos levantadas ansiosas por participar. Dejándoles a todos que dijesen nombres, les asentía y les decía “Very good”, a pesar de que en muchas ocasiones no tuviese ni idea de si esos jugadores o equipos pertenecían a la liga inglesa o no, ya que como ya he dicho, no estoy muy interesado en el deporte. No obstante, de esta forma logré captar la atención de mis alumnos y conseguí mantenerlos motivados durante toda la sesión.
·         Realizar una encuesta acerca de sus intereses.
       Para saber qué les gusta a nuestros niños, tenemos que preguntárselo a ellos mismos y una buena forma de hacerlo es pasándoles una encuesta en la que nos cuenten cuáles son sus gustos musicales, sus hobbies, sus libros y películas favoritos, etc.
En una clase de lengua extranjera, por suerte, es muy fácil incluir todo este tipo de elementos y materiales en el aula, así que no hay ninguna excusa que valga para no hacerlo. Recordad siempre que estamos ahí por y para ellos, además que siempre estarán eternamente agradecidos. Me gustaría que vieseis la cara de mis alumnos y alumnas cuando, para explicarles el comparativo, les hacía comparar a Justin Bieber y a un cantante de One Direction con el adjetivo ugly. Son detalles que pueden parecer absurdos, pero que hacen que nuestros niños aprendan con una sonrisa, se sientan entendidos por nosotros  y vean que los tenemos en cuenta (empatía). Además, vuelvo a repetir, tiene un uso más real y realista que utilizar los típicos nombres ingleses (Sally, Abbie, Tom, etc.) de los libros de texto con monigotes artificiales. ¿Qué motivación le puede producir a un adolescente hacer 30 frases iguales con contenidos irreales? Bajo mi punto de vista, ninguna.
·          Refuerzo positivo.
       A todos nos gusta que se nos reconozca nuestro trabajo. Por esta razón, debemos de mostrarnos agradecidos ante nuestros alumnos cuando estos participen en clase y debemos felicitarles por el buen trabajo que han hecho. Por favor, no confundáis el buen trabajo con los buenos resultados académicos. Debemos premiar el esfuerzo y dar a nuestros alumnos una inyección de moral, de autoestima y de seguridad. Estos tres elementos son básicos para su motivación.
·         Vender el producto.
      He oído muchas veces que los docentes somos actores y, la verdad, estoy bastante de acuerdo con esta acepción. En este caso nos toca hacer el papel de comerciales, es decir, debemos convencer a nuestro alumnado de lo importante que es consumir nuestro producto, que es el conocimiento. Una vez sean conscientes de lo bueno que es, para qué les sirve y cómo pueden emplearlo, os aseguro que habréis conseguido motivarlos.
·         Afecto y empatía.
     Una vez más, quiero insistir en estos dos aspectos. Recordad, estamos trabajando con seres humanos, con personas que, como tales, tienen sentimientos.  A los alumnos, especialmente a los adolescentes, les encanta ser escuchados y entendidos por sus profesores (más de lo que creéis). Creo que es importante tener detalles afectivos con ellos de vez en cuando, sean del tipo que sean. Por ejemplo, durante mis prácticas he insistido mucho a mis niños en que cometer errores es algo bueno, que nadie es perfecto y que los errores son necesarios para poder aprender. Para ello, a parte de hacérselo ver cada vez que se reían de los fallos de un compañero, les he llevado citas de famosos que hablan acerca del tema. En particular, les llamó la atención una de Michael Jordan que decía lo siguiente: “I failed over and over again in my life… And that’s why I succeed”. Bueno, pues esta semana terminaré mi periodo de prácticas y antes de irme les daré a mis alumnos unas piruletas con forma de corazón con dicha frase envuelta y mi correo electrónico para que se pongan contacto conmigo en el futuro si así lo necesitan. Creo que detalles como este hacen ver a los alumnos que de verdad nos importan y que estamos ahí por y para ellos.




¿Y vosotros? ¿Cómo motiváis a vuestros alumnos?  :)


sábado, 5 de abril de 2014

Resiliencia

Hoy me gustaría hablar acerca de un término muy en boga en el ámbito educativo y que yo, personalmente, descubrí hace poco, la «resiliencia».

¿Qué es la «resiliencia»?

«La resiliencia puede definirse como la capacidad de recuperarse, sobreponerse y adaptarse con éxito frente a la adversidad, y de desarrollar competencia social, académica y vocacional pese a estar expuesto a un estrés grave o simplemente a las tensiones inherentes al mundo de hoy». (Nan Henderson y Mike M. Milstein)

En la actualidad, la mayoría de nuestros alumnos encuentran en su entorno familiar las condiciones de protección y los modelos que necesitan para desarrollarse. Tristemente, esto no es así en todos los casos, lo que hace que el desarrollo evolutivo de estos niños y adolescentes no se produzca siempre de la forma adecuada, lo que provoca en ellos problemas de índole social y académica. Por lo tanto, es aquí donde toma importancia el término resiliencia en el ámbito educativo. En palabras de la filósofa Victoria Muñoz Garrido y del pedagogo Francisco de Pedro Sotelo, «la resiliencia se nos presenta como una nueva forma de prevención, como una nueva forma de mirar buscando la luz entre tantas sombras».

Como ya puse de manifiesto en mi primera entrada, mi idea acerca de la educación va más allá de la pura transmisión de contenidos. En cambio, apuesto más por la transmisión de valores y otro tipo de «contenidos» de componente psicológico, social, etc. Es por ello que considero la resiliencia como algo fundamental y que todos los docentes deberían tener en mente a la hora de dar clase. Recordad, estamos trabajando con personas, no máquinas ni animales, aunque así lo piensen muchos.

Eso sí, para poder educar en la resiliencia debemos predicar con el ejemplo. ¿Qué quiero decir con esto? Solo siendo docentes resilientes podrán nuestros niños (así es como me gusta a mí llamarles) encontrar en nosotros un modelo positivo para ellos. No olvidéis tampoco que los profesores pueden producir grandes cambios en las vidas de sus alumnos. ¿Acaso no hemos tenido todos un maestro al que siempre recordaremos por lo que nos enseñó o por cómo nos trató? Ese es el maestro que debemos intentar ser, un docente que ejerza una fuerte influencia en la vida de sus estudiantes, que les brinde afecto, que les trate de manera humana y que, sobre todo, les enseñe a comportarse de manera compasiva. ¿Recordáis lo que decía en mi anterior entrada sobre la empatía? ;)

Todo esto hará que consigamos alumnos también resilientes a los que les guste ir a la escuela y hagan de esta su segundo hogar. Para aquellos que sigan preocupados por los resultados académicos, ¿no creéis que si creamos alumnos resilientes las notas mejorarán? ¡Claro que sí! ¡Y no sólo en número, sino que el aprendizaje producido será significativo! Esta forma de aprendizaje es la única que debe interesarnos. Si el profesor se dirige a sus niños con tono humano y es quien de crear un ambiente de aprendizaje agradable donde exista el respeto y la amabilidad logrará que sus estudiantes estén motivados y se sientan realizados personalmente.

Docentes de lenguas, ¿por qué no enseñar a nuestros niños destrezas como el humor, el afecto, la aceptación de uno mismo, la alegría, el amor, la fantasía, etc. a través del inglés, del francés, del catalán, del alemán, del gallego o de cualquier otra lengua de la que seáis profesores? Al igual que el speaking, writing, reading y listening, estas son destrezas que también pueden ser enseñadas, aprendidas y desarrolladas.


Eso sí, como dije antes, es importante no olvidar que si queremos que nuestros alumnos sean resilientes, nosotros mismos debemos predicar con el ejemplo y ser resilientes. Para ello, debemos tener claro en nuestra mente que no hay resiliencia si no hay un «quiero vivir mejor», un «quiero ser mejor persona». 

¿Y tú? ¿Eres resiliente? Al igual que la educación, está en tus manos.






jueves, 3 de abril de 2014

La mariposa azul

Tras haber dedicado toda mi vida al aprendizaje de nuevas lenguas, la educación llamó a la puerta de manera inesperada. No lo hizo en el mejor momento, pero ningún obstáculo ha impedido despertar en mí ese gusanillo que me hace entrar por la puerta de clase con una sonrisa cada día e intentar dar todo lo que puedo de mí para que mis niños aprendan lo máximo posible. Creo que es obvio que he encontrado mi vocación y es por ello que nace este blog.

Antes de nada, una pequeña presentación nunca está de más. Mi nombre es Emilio y soy Graduado en Traducción e Interpretación. Siempre me han apasionado los idiomas, los niños, viajar y estar en contacto constante con otras culturas. He vivido en varios países y tengo numerosas experiencias laborales en el extranjero, siempre rodeado de niños y de un entorno educativo. Son dichas experiencias las que despertaron en mí ese gusanillo por la educación y las que me llevaron a dar un giro en mi vida. Actualmente me encuentro terminando el Máster en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas de la Universidade de A Coruña y estoy a punto de finalizar mis prácticas en un Centro Educativo.

A través de este blog, me gustaría compartir mis opiniones, experiencias, recursos, etc. que tengan relación con la educación en general, así como con la enseñanza de idiomas. Al mismo tiempo, pretendo aprender de todos vosotros y hacer de esto una herramienta más de aprendizaje continuo y recíproco.

Me gustaría inaugurarlo con un cuento breve que hace poco escuché en una conferencia y que me parece oportuno para introducir cuál es mi idea acerca de la educación. El cuento es el siguiente:

La mariposa azul

Había un señor viudo que vivía con sus dos hijas curiosas e inteligentes. Las niñas siempre le cuestionaban todo, hacían muchas preguntas a las que el padre a veces sabía responder, pero en ocasiones no se sentía con la sabiduría suficiente como para aclarar las dudas que ellas manifestaban. Como pretendía brindarles la mejor educación, mandó a las niñas de vacaciones con un sabio que vivía en lo alto de una colina.
El sabio siempre respondía todas las preguntas sin siquiera dudar. Impacientes con el maestro, las jóvenes decidieron inventar una pregunta que él no pudiera responder correctamente. Entonces, una de ellas apareció con una hermosa mariposa azul que usaría para engañar al sabio. 
-¿Qué vas a hacer? –preguntó la hermana. – Voy a esconder la mariposa en mis manos y le voy a preguntar si está viva o muerta. Si él dice que está muerta, abriré mis manos y la dejaré volar. Si dice que está viva, la apretaré y la mataré. Así, cualquiera que sea su respuesta, ésta será equivocada. Las dos niñas fueron entonces al encuentro del sabio que estaba meditando.
-Tengo aquí una mariposa azul, dígame, sabio, ¿está viva o muerta?. Muy calmadamente el sabio sonrió y respondió: 
-Depende de ti…ella está en tus manos


Efectivamente, al igual que la mariposa azul, nuestros alumnos están en nuestras manos, dependen de nosotros. Somos nosotros los que hemos elegido esta profesión y, por lo tanto, somos los responsables máximos de la educación que tendrán nuestros futuros presidentes, médicos, abogados, camareros, científicos, etc. 
A diario escuchamos comentarios acerca del descontento general del profesorado en nuestro país, el cual en su mayoría se encuentra estancado, en un bucle sin salida en el que no ven más allá de su libro de texto y de sus métodos tradicionales, casi siempre regidos por la autoridad y la falta de democracia.
Desgraciadamente, la mayor parte de este profesorado carece de formación en didáctica, pedagogía y psicología, signo claro de la importancia que nuestro sistema le otorga a la educación. Según este sistema, lo más importante es la mera transmisión de conocimientos. El profesor es un ser superior que todo lo sabe y los alumnos deben asumir el rol de aprendices pasivos. 
No obstante, creo que esta es la vía fácil y cómoda, pero para mí no sirve de excusa, ya que existen profesores, aquellos que de verdad tienen vocación, que a pesar de solo estar en posesión del antiguo CAP, siguen esforzándose por renovarse cada día, por asistir a cursos de formación continua y, sobre todo, por entender a su alumnado. Quiero dejar claro que mi intención no es ofender a nadie, tan solo pretendo mostrar mi propia visión crítica acerca del sistema educativo español. En mi opinión, ni siquiera el máster que estoy cursando me parece suficiente para que se me dé la gran responsabilidad de educar.

Volviendo a los docentes con vocación, la clave del éxito educativo, desde mi punto de vista, es precisamente la que mencionaba: el profesor tiene que ser quién de entender a sus alumnos y de entablar con ellos una relación de empatía, algo completamente ausente en la mayoría de las aulas a día de hoy. Muchos profesores prefieren optar por refugiarse detrás de su mesa, casi siempre situada en una tarima que les sitúa en un nivel superior que les da autoridad y, de esta forma, no comprometerse con los problemas de sus alumnos.

La definición que da la RAE para empatía es la siguiente: Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo del otro. Como podemos ver, el afecto tiene mucho que ver con la empatía. ¿Está el afecto presente en las aulas hoy en día? ¿Y la empatía profesor-alumno y viceversa? Lamentablemente no me queda más remedio que ponerlo en duda. Como ya dije anteriormente, los profesores son meros transmisores de conocimiento que están enseñando a sus alumnos a ser académicamente inteligentes y competitivos. 

Lo siento mucho, pero YO me niego a convertirme en uno de esos profesores. Y desde mi práctica pienso enseñar a mis alumnos algo más que contenidos. Creo que es muy importante educarlos en valores, así como en emociones. Nuestros alumnos no están habituados a gestionar sus emociones y cuando salen al mundo real se meten el gran batacazo. Les damos todo hecho, no saben lo que es la frustración y esto les impide ser felices. ¿Queremos un mundo en el que la mayoría de su población sea infeliz? Yo lo tengo claro, NO. Debemos cambiar la palabra competitivo por competente y dejar de crear alumnos emocionalmente inteligentes a favor de personas y ciudadanos con una inteligencia emocional que les permita ser felices.  

Muchos pensarán que estoy loco y que esto no es posible de llevar a cabo en el aula y menos en una clase donde hay que dar unos contenidos gramaticales o unas fórmulas matemáticas determinadas, porque así lo exige la programación.  Pretendo que este blog sea una forma en la que pueda compartir con todos vosotros cómo yo aportaría o aporto ese granito de arena necesario para dar un giro al sistema educativo actual y demostrar que sí es posible. Solo hay que querer.


Eso es todo por hoy. Espero que este post os haya servido para conocer un poco mejor quién soy y en dónde me encuentro con respecto a la educación.

Un saludo a todos y encantado de formar parte de este nuevo mundillo :)